jueves, 8 de diciembre de 2011
Entre el crepúsculo y el alba
Cómo describir esa sensación, cómo describir lo que pudo sentir en aquel instante. Fue un momento, algo efímero que se quedará retratado en su memoria para siempre. Al recordarlo, todo su cuerpo se estremece como si de una caricia se tratara, una caricia a su corazón, una caricia a su ser. El día era gris, triste, vacío, sombrío...en realidad era uno más en la larga sucesión de una vida dormida, una vida apagada. Era ya noche cerrada aunque apenas fueran más de las diez, el silencio y la calma entumecían sus oídos, una vez más habría de enfrentarse a la escandalosa e irritante soledad del crepúsculo.¡Qué terrible resultaba solo escuchar el tic-tac de su viejo reloj!Su rostro pálido resplandecía azulado bajo la luz de la luna. Sus ojos, cual dos estrellas en la más oscura noche, brillaban tan incandescentes como la llama de amor que habitaba en su corazón. Una llama que jamás se consumía pero sí consumía poco a poco su ser, sus esperanzas. Su cada vez mayor fuerza abrasaba cualquier sentimiento, hacía que cada latido quemara más. Temía llorar, pues con cada lágrima se escapaba un pedazo más de su alma, un alama que tiritaba de frío y se empezaba a quedar en nada. Sus gélidas manos habían olvidado ya lo que era sentir el suave calor de una mano amiga, el tacto de la piel de un amado...
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